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La huella de carbono de la IA: cómo se calcula y por qué difieren las cifras

La huella de carbono de la IA se obtiene multiplicando energía por la intensidad de emisiones de la electricidad y sumando, si se puede, el hardware. Cada decisión metodológica cambia el resultado, y por eso las cifras publicadas rara vez coinciden.

La fórmula básica y sus tres ingredientes

La forma más sencilla de estimar emisiones por el uso eléctrico es multiplicar la energía consumida por la intensidad de carbono de la electricidad usada, es decir, cuántas emisiones produce generar cada unidad de energía en ese lugar y momento.

Eso da tres ingredientes: cuánta energía consume el cómputo, cuánta energía adicional requiere la infraestructura (refrigeración, redes, pérdidas) y qué tan limpia es la electricidad. Un error o una suposición en cualquiera de los tres se traslada al resultado final.

La fórmula es simple; lo difícil es obtener datos fiables para cada factor, especialmente la energía real de una carga concreta y la intensidad en la hora exacta en que se ejecutó.

Emisiones directas, indirectas y de fabricación

Los centros de datos no emiten CO2 al funcionar por sí mismos, pero sí lo hace la generación eléctrica que los alimenta. La Agencia Internacional de la Energía calcula unas 180 Mt de CO2 indirectas por la electricidad de los centros de datos, el 0,5 % de las emisiones por combustión actuales, y apunta a que podrían llegar al 1 % en 2035 en su caso base y al 1,4 % en el escenario más expansivo.

Esa cifra tiene una cautela importante: son emisiones indirectas por electricidad y no incluyen la fabricación de los equipos. Producir chips, servidores y edificios también emite, y suele contabilizarse aparte o directamente se omite.

Cuando una cifra no aclara qué alcance cubre, no se puede comparar con otra.

Por qué dos estudios pueden diferir mucho

Las diferencias suelen venir de decisiones, no de errores. Un estudio puede medir solo el entrenamiento y otro el uso. Uno puede emplear la media anual de la red eléctrica y otro el valor hora a hora. Uno puede incluir la fabricación del hardware y otro no. Y las propias unidades varían: gramos por consulta, toneladas por modelo o megatoneladas por sector.

También cambia el año: el hardware y el software mejoran con rapidez, de modo que un estudio de hace unos años puede describir máquinas ya superadas.

Por eso, cuando dos cifras parecen contradecirse, lo primero es comparar sus límites del sistema: qué entra y qué queda fuera en cada una.

Ubicación y hora: la intensidad del carbono no es una constante

La misma energía produce emisiones muy distintas según dónde y cuándo se consuma. En España, en 2024, las renovables aportaron el 56,8 % de la electricidad generada y el 76,8 % no emitió gases de efecto invernadero, según Red Eléctrica; las emisiones de la generación eléctrica fueron de 27 millones de toneladas de CO2 equivalente, un mínimo histórico.

Esos valores son anuales: dentro de un mismo año el mix cambia cada hora, con más renovables al mediodía soleado o en días de viento, y más gas cuando no las hay. No usar un factor por kilovatio hora sin fuente es una regla de prudencia, porque aplicar un valor medio a un cálculo horario puede equivocarse en un sentido o en otro.

Dos formas de contabilizar la electricidad

En la contabilidad de emisiones aparecen dos enfoques que conviene distinguir. El basado en la ubicación usa la intensidad real de la red donde se consume la energía. El basado en el mercado tiene en cuenta los contratos de compra de energía renovable que una empresa dice haber firmado.

Ambos son legítimos y se usan en la información corporativa, pero pueden dar resultados muy diferentes para la misma instalación. Una empresa puede informar de emisiones bajas con el método de mercado mientras la red local sigue emitiendo bastante en las horas en que realmente funciona su centro de datos.

No se trata de acusar a nadie, sino de saber leer: pregunta qué método se usó y si la cifra es comparable con la de otro informe.

Un caso típico: una empresa publica unas emisiones muy bajas gracias a contratos de renovables, mientras un informe independiente, con datos horarios de la red, estima un valor mayor para la misma instalación. Ninguno miente necesariamente; responden a preguntas distintas y deben presentarse juntos.

Lo que casi nunca entra en la cuenta

Aun con buen método, quedan partidas difíciles de atribuir: la parte proporcional de edificios y redes, el transporte de equipos, la fabricación de chips y su vida útil real, y el final de vida del hardware. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente recomienda medir el impacto ambiental de la IA con procedimientos estandarizados y exigir a las empresas que divulguen sus consecuencias ambientales directas.

Mientras esa estandarización no exista, lo prudente es tratar las cifras de huella de la IA como estimaciones con un rango, y desconfiar de quien dé un número único sin intervalo ni explicación del método.

Conviene, además, recordar que la incertidumbre no es una excusa para no actuar: permite priorizar medidas robustas, como consumir menos y elegir mejor el momento, que mejoran el balance con cualquiera de los métodos.

Lista rápida para evaluar una cifra de huella de carbono

Antes de citar o compartir una cifra, comprueba:

  • Alcance: ¿solo electricidad o también fabricación del hardware?
  • Fase: ¿entrenamiento, uso o ambos?
  • Factor de emisión: ¿media anual, valor horario, dato de contrato?
  • Ubicación y año: ¿a qué red y a qué periodo se refiere?
  • Transparencia: ¿publica el método y los supuestos o solo el resultado?
  • Incertidumbre: ¿da un rango o un único valor?

Una cifra que cumpla la mayoría es útil. Una que no cumpla ninguna sirve, como mucho, para abrir una pregunta.

Un ejemplo de uso: si un informe corporativo declara una reducción de emisiones de su IA, pregunta si baja la energía real o solo cambia el factor de emisión por un contrato. Pregunta también si el año de comparación es el mismo y si se han añadido o retirado servicios entre un informe y el siguiente. Estas tres preguntas suelen bastar para separar una mejora real de un cambio de criterio contable, y obligan a quien publica la cifra a explicarla con claridad ante cualquier lector.

Preguntas frecuentes

¿Por qué no existe una cifra única de la huella de la IA?

Porque depende de qué se cuente (entrenamiento, uso, fabricación), de dónde y cuándo se ejecute y de qué método de cálculo se use. Sin esas decisiones iguales, dos cifras no se pueden comparar directamente.

¿Las emisiones de los centros de datos incluyen la fabricación de los equipos?

No siempre. La cifra de la Agencia Internacional de la Energía cubre emisiones indirectas por electricidad y no incluye la fabricación. Otros estudios sí la añaden, por lo que conviene mirar el alcance antes de comparar.

¿Compensar emisiones elimina la huella de la IA?

No la elimina. La compensación o los contratos de renovables pueden mejorar un balance contable, pero no cambian la energía real consumida ni la intensidad de la red en el momento de uso. Lo honesto es informar de ambos métodos.

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Fuentes oficiales para profundizar

Acciones paso a paso · Prompts · Impacto y ley.

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