El agua y la IA: refrigeración y límites de los datos
Por qué un centro de datos necesita agua
Los servidores convierten casi toda la electricidad que reciben en calor. Para que no se estropeen hay que evacuarlo, y una de las formas más usadas es la refrigeración evaporativa, en la que el agua absorbe calor al evaporarse. Es eficiente en energía, pero consume agua.
Otras instalaciones usan refrigeración por aire, por circuitos cerrados o por líquido directo sobre los chips. Cada solución cambia el equilibrio entre electricidad y agua: un diseño que ahorra agua puede gastar más energía, y viceversa.
No hay una opción universalmente mejor. Depende del clima, de la disponibilidad de agua, del precio de la electricidad y de la densidad de los equipos instalados.
En resumen, el agua es un recurso más de la ecuación, junto con la electricidad y el hardware, y se optimiza con ellos.
Extraer, consumir, evaporar: tres palabras distintas
Gran parte de la confusión viene de usar «uso de agua» como si fuera una sola magnitud. Conviene separar al menos tres ideas. La extracción es el agua que se toma de una fuente. El consumo es la parte que no vuelve a la fuente, normalmente porque se evapora. Y el vertido es la que se devuelve, posiblemente más caliente o con otra calidad.
Una cifra de extracción puede ser mucho mayor que una de consumo y ambas describen cosas diferentes. Comparar una con otra sin saberlo lleva a conclusiones erróneas, ya sea para alarmar o para tranquilizar.
Al leer cualquier dato sobre agua, busca cuál de las tres magnitudes mide y si incluye el agua utilizada para generar la electricidad.
Agua directa e indirecta
El agua directa es la que usa el propio centro de datos para refrigerar. El agua indirecta es la que se gasta para producir la electricidad que consume, ya que muchas centrales térmicas y algunas fuentes necesitan agua en su ciclo. Las renovables como la fotovoltaica y la eólica requieren mucha menos agua en operación.
Por eso la huella hídrica de una misma carga de IA puede variar según el mix eléctrico del lugar donde se ejecute. Dos centros idénticos con la misma refrigeración pueden tener una huella hídrica total diferente si uno está en una red muy térmica y otro en una muy renovable.
Muchos informes solo cuentan la parte directa, otros suman ambas, y casi nunca lo explican con claridad.
Por qué las cifras son difíciles de comparar
Hay varias fuentes de incomparabilidad. La primera es el límite del sistema: qué se incluye. La segunda es el clima: la misma instalación consume más agua en un verano seco y caluroso que en un invierno húmedo. La tercera es el reparto: asignar agua de un edificio a una tarea de IA concreta exige supuestos.
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente recomienda medir el impacto de la IA con procedimientos estandarizados y que las empresas divulguen sus consecuencias ambientales directas. Aquí se evitan deliberadamente las cifras de agua por consulta que circulan, porque su atribución es poco clara y no se han podido verificar.
La conclusión práctica es sencilla: una estimación de litros por consulta solo puede interpretarse si explica el modelo, el trabajo realizado, la ubicación, el periodo y el método de asignación. Sin ese contexto no debe extrapolarse a cualquier conversación.
Agua y lugar: el problema es local
Un promedio mundial del volumen de agua no describe el impacto en cada cuenca; tampoco un promedio eléctrico sustituye al mix y al horario de una instalación concreta. Un litro consumido en una cuenca con abundancia no pesa igual que un litro en una zona con estrés hídrico. La Agenda 2030 recoge el agua y el saneamiento en su sexto Objetivo de Desarrollo Sostenible, uno de los más ligados a la huella de la IA junto con energía, industria, ciudades, consumo y clima.
Por eso la pregunta relevante no es solo cuánta agua usa un centro de datos, sino de dónde la toma, con qué otros usos compite, como el riego o el abastecimiento, y qué alternativas existen, como el agua regenerada o la refrigeración sin evaporación.
Una decisión de ubicación o de diseño puede reducir mucho el problema local sin cambiar la cifra global.
Qué exige y qué mide Europa
El artículo 12 y el anexo VII de la Directiva (UE) 2023/1791 se refieren a centros de datos cuya potencia demandada de equipos de tecnología de la información instalados sea de al menos 500 kW. Ese umbral corresponde a los equipos informáticos, no a la potencia total del edificio, que también puede incluir refrigeración y otros sistemas auxiliares. El Reglamento Delegado (UE) 2024/1364 concreta datos, indicadores y métodos comunes de comunicación, incluidos el uso de agua, el consumo de energía, la reutilización del calor y las renovables. Informar de esos indicadores no certifica que un centro sea sostenible ni permite atribuir su consumo completo a la IA.
Los datos públicos se muestran agregados por Estado miembro y a escala europea, y hay excepciones por secreto comercial. Es un avance en transparencia, aunque la información agregada no permite saber cuánta agua usa una instalación concreta ni cuánta se dedica a la IA.
Cómo evaluar una afirmación sobre agua e IA
Antes de creer o repetir una cifra, formula estas preguntas:
- ¿Habla de extracción, consumo o vertido?
- ¿Incluye el agua usada en generar la electricidad?
- ¿A qué lugar, clima y estación se refiere?
- ¿Mide entrenamiento, uso o el centro de datos completo?
- ¿Explica cómo asignó el agua a la IA en lugar de a otras cargas?
Si faltan las respuestas, la cifra no es comparable. Y si alguien la presenta como «el agua de una conversación», recuerda que esa unidad exige muchas suposiciones que rara vez se detallan.
Lo honesto es decir: hay un uso real de agua, depende mucho del lugar y del diseño, y los datos públicos todavía son insuficientes para cuantificarlo con precisión.
Preguntas frecuentes
¿La IA gasta mucha agua?
Hay un uso real, directo por refrigeración e indirecto por la electricidad, pero su magnitud depende del diseño, el clima y el lugar. Los datos públicos no permiten dar una cifra fiable y comparable por consulta.
¿Es mejor refrigerar con aire para ahorrar agua?
No siempre. Refrigerar sin agua puede requerir más electricidad, y esa electricidad también tiene una huella hídrica y de carbono. La mejor opción depende del clima, la red eléctrica y el agua disponible.
¿Qué pueden hacer los operadores para reducir el problema?
Medir y publicar el uso de agua, elegir ubicaciones con menos estrés hídrico, emplear agua regenerada cuando sea posible y diseñar la refrigeración según el clima. Europa ya exige informar sobre ello a los centros de datos de cierta potencia.
Qué pedir para comprobar el dato
Pide la instalación y cuenca de referencia, el año, el origen del agua —potable, regenerada u otro— y si el volumen describe extracción, consumo o vertido. Separa la refrigeración del agua asociada a generar electricidad; si el análisis pretende cubrir todo el ciclo de vida, pregunta también por la fabricación de equipos. Un total de centro de datos incluye cargas distintas de IA.
La Comisión Europea distingue el sistema de información existente de las propuestas posteriores de calificación y de estándares mínimos. No conviene presentar una propuesta como un requisito ya aplicable.
Fuente normativa: Reglamento Delegado (UE) 2024/1364, artículo 1 y anexos. Revisión parcial del umbral y de estas aclaraciones: 16/10/2026; la fecha general de la guía se conserva.
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